VIGILIA DE JÓVENES 2008

Por: Fabián Ovilla
Coordinador Diocesano del Medio de Evangelización Fundamental
RCCES-Tuxtla

“Alabemos a Dios Nuestro Señor, al Hijo, al Espíritu Santo y a Mamita María”. Así inició la vigilia de jóvenes el pasado 15 de marzo en la Quinta Real, de esta ciudad de Tuxtla, comenzando a las 4.30 de la tarde y que contó con la asistencia de más de ciento veinte oyentes.

¿Sabes qué es una vocación?, ¿Alguna vez has sido “llamado” a algo? Pues eso es la vocación, es un llamado a realizar algo. Dios nos llama a vivir en celibato o en matrimonio, en cualquiera de los casos a ser Santos. El celibato es, en una forma amplia, no estar casado, pero el celibato eclesiástico se divide en celibato religioso y en celibato de soltería. En la vocación al matrimonio, hay siempre un momento intermedio: el noviazgo ¿Qué importancia corre aquí otra persona en tu vida? Simple, un noviazgo no se trata tan solo de atracción, sino de verdaderamente estar enamorado por la persona amada y ser correspondido. El noviazgo es camino al matrimonio y solo por él se puede llegar, ya que el llamado de nuestro Dios dice cierto y exacto que pertenezcamos a un celibato o a un matrimonio. En ambos llamados hemos de ser Santos, y de recibir la bendición de Dios, pero si no hemos de casarnos, debemos ofrecer el celibato a Nuestro Señor. Esto nos fue transmitido por el hermano Alberto A. Ortiz Moreno (Betillo), quien en pocas palabras nos resumió que siendo cual sea el llamado, es un servicio a Dios.

El Padre José Luís Espinosa nos hizo reflexionar sobre la vocación a la vida, que es en sí el primer llamado que nos hace el Padre. Muchos nos sentimos amados por nuestros padres, pero hay quienes no lo ven así. Algunos piensan que fueron hij@s no deseados o inesperados, pero ninguna de estas cosas es cierta. Dios te pensó y luego te quiso donde estás ahora, respirando, oyendo, viendo, y lo más importante, viviendo, Dios nos amó tanto que nos ofreció a su único Hijo, a su Hijo amado para ser salvos. Haciendo referencia a la fecha en que se vivió el evento, reflexionó que nos encontramos ya en el inicio de la Semana Santa. Esta Semana conmemorativa nos enseña tres virtudes fundamentales, importantes para la vida: El ayuno, la Oración y la Caridad, pero también deja ver las debilidades humanas: el placer, el tener y el poder.
Jesús nos enseña y da la salvación, pero es Dios quien salva, pues entrega a su único Hijo para salvarnos a todos nosotros y que podamos vivir, pues Dios nos llama a eso, a vivir y dar vida.

Podemos hacer lo que creemos conveniente con nuestra vida, pero no podemos hacerlo con la vida de alguien más. Tener un hijo es una bendición de Dios, pues es Él quien ha concebido esa vida y espera que llegue. El espíritu del niño está en nosotros, y va creciendo, se forma y espera nacer, entonces tan solo es un inocente que empieza a sentir. Por azares del destino, o malas decisiones de la madre, por no defraudar a nadie, o por miedo a no saber qué hacer, cuando se es joven se cometen muchos errores, pero hay uno, que es atroz, y es terminar con una vida, lo es el abortar. El niño ha de esperar nacer, y compartir contigo su vida, pero no lo mates, no lo abortes, le quitas la vida y le niegas el amor. A pesar de todo, el niño siempre te amará, pues no será capaz de entender lo que has hecho, y si lo comprende, el te perdonará. Enseñanza de una representación escénica, que nos mostró que debemos amar la vida, y dejarla vivir, pues, un aborto más o uno menos, ¿qué daño puede hacer?, piénsalo, pudiste ser tu.

Ritmo y movimiento, nos acompañaron por unos instantes. El grupo “Rey- Es” con alabanzas en piezas modernas y agradables sirvieron para levantar el ánimo entre aquellos que iniciaban a flaquear.

El Padre Elí nos enseñó que debemos seguir a Dios, llenar nuestra vida del Agua Viva que representa su Hijo. Se nos dice que seamos hijos de bien y proclamemos con ejemplo lo que Dios Nuestro Señor nos ha enseñado. Todos somos hijos, todos somos hermanos, todos somos Santos en la medida que lo aceptemos.

Finalmente concluimos con una hermosa Hora Santa, en la cual tuvimos la oportunidad de tener a Dios entre nosotros presente en la hostia, fue un momento de emotividad y cariño, el cual nos hizo reflexionar sobre todo aquello que vivimos.

Nosotros ya vivimos el encuentro y queremos servir con nuestra vida, y tu ¿qué estás esperando?.

“Yo he Venido para que Tengan Vida, y la Tengan en Abundancia” Sn. Jn. 10,10

 

RCCES - 2008